Manual de Guerra Psicológica-Covid

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Manual de Guerra Psicológica para gobernantes-COVID.

  1. El miedo como factor condicionante. Generar miedo. “nos ataca un virus”
  2. Acción: eliminar los derechos de los ciudadanos para “protegerlos”. Haced lo que decimos y “venceremos al virus”. Quedaos en casa¡¡¡
  3. Generar la sensación de Unidad. TV, prensa, radio todos a una, acríticos  
  4. En las TVs políticos, sanitarios y militares/policías. Ellos representan “la nación”
  5. Meter miedo y a continuación… “no os preocupéis”: lo tenemos todo controlado. Seguir nuestras consignas.
  6. Creación de iconos de identificación ciudadana. “aplausos a las 8”. Por nuestros héroes.
  7.  Quédate en casa, Quien no se queda es malo, nos pone en riesgo a todos, hay que perseguirlos, multarlos, detenerlos.
  8. Demostración de la Fuerza del Estado, policías reprimiendo cualquier desacato a la Autoridad.
  9. El Ejercito haciendo “buenas obras”, hospitales de campaña y etc.
  10. Apoyo incondicional al poder. TV, radio, prensa-papel, prensa-digital.
  11. Recabar la colaboración de personajes públicos apoyando al poder.
  12. Eliminar toda posible contestación popular

Porqué los Terapeutas deben hablar de Política

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Porqué los Terapeutas deben hablar de Política

Como psicoterapeuta con práctica privada en Manhattan, veo una gran cantidad de profesionales jóvenes, de mediana edad que se enfrentan con el correo electrónico implacable y obligaciones sociales, con borrado de los límites entre trabajo / vida, los salarios iniciales que permanecen sin cambios desde finales de 1990. Veo empleados de edad (30 en adelante) con ansiedad tratando de adaptarse a un mercado de trabajo en que la gente tiene que cambiar de trabajo varias veces y cultivar su \”marca personal\”. Nadie usa todos sus días de vacaciones. Todo el mundo trabaja más horas que hace una generación

Richard Brouillette. The New York Times. MARZO, 15, 2016

“He quedado de juntarme con mi jefe más tarde”

dijo mi paciente. “Me preocupa que va a decirme que no estoy trabajando duro como los demás, y que debería ofrecerme voluntariamente para trabajar más horas para mostrar mi compromiso.”

Esta tensión se había estado construyendo en su trabajo durante meses, y ella temía que  habría una amenaza tácita en esta reunión: trabajar más horas, no compensada, o vamos a despedirte. Ya le estaba ya resultando difícil pasar tanto tiempo fuera de casa. Pero no podía permitirse el riesgo de desempleo.
“¿Qué se supone que debo decir a mis hijos?”, Preguntó ella, descomponiéndose.
Se me hizo un nudo en el estómago. Tales preocupaciones entre mis pacientes se están volviendo tan comunes, tan persistentes, que me encuentro centrándome cada vez menos en los problemas y neurosis que son específicos para los pacientes individuales, y cada vez más de lo que está sucediendo con el tejido de la vida diaria. 
Por lo general, los terapeutas evitan discutir temas sociales y políticos en las sesiones. Si el paciente las habla, el terapeuta va a dirigir la conversación hacia una discusión de los síntomas, las habilidades, las cuestiones relevantes de la niñez y la familia del paciente. Pero me estoy convenciendo más y más de que esto es insuficiente. La psicoterapia, como campo de trabajo, no está preparada para responder a los principales problemas sociales que afectan a la vida de nuestros pacientes.
Cuando la gente no puede vivir de acuerdo con las demandas cada vez más altas y exigentes de la economía, a menudo se culpan a sí mismos y luego se esfuerzan por vivir con la culpa. Ves esta misma tendencia, por supuesto, en una variedad de contextos, desde los hijos de divorciados que se sienten responsables de la separación de sus padres hasta la “culpa del sobreviviente” de los que han pasado por desastres. En situaciones que pueden parecer imposibles o inaceptables, la culpa se convierte en un escudo para la ira que se sentiría de lo contrario: El niño puede estar enfadado con sus padres por divorciarse, el sobreviviente puede estar enojado con aquellos que perecieron.
Esto no es diferente en el plano social. Cuando un sistema económico o el gobierno es responsable de los daños personales, los afectados pueden sentirse profundamente indefensos, y cubren esa impotencia con la autocrítica. Hoy en día, si no puedes convertirte en lo que quiere el mercado, puedes sentirte como si fueras un deficiente y no tienes ningún recurso a excepción de estar deprimido.
Durante los últimos 30 años, en mi opinión, estos cambios en el lugar de trabajo han estado tomando lentamente un precio psicológico, aunque de una manera más difusa, menos detectable que con cualquier evento traumático. Hasta un grado que puede no ser consciente, las personas se sienten menos esperanzadas y más estresadas; con su autoestima dañada; ellos creen que están destinados a tomar lo que pueden obtener; viven en un estado que se acerca a la indefensión aprendida.
Llega un momento en que la gente no puede aguantar más, cuando  están siendo demasiado exigidos. ¿Cuánta culpa pueden tolerar la gente dirigida hacia ellos mismos? ¿Cuándo la dirigen hacia afuera?
Mi sensación es que los psicoterapeutas están jugando un papel importante en la dirección de esta culpa hacia adentro. Por desgracia, muchos terapeutas, porque han sido entrenados para no hablar de temas políticos en la sala de consulta, son parte del problema, de manera implícita refuerzan falsas suposiciones acerca de la responsabilidad personal, el aislamiento y el status quo social.
Si el paciente describe una situación de trabajo casi insoportable, el terapeuta tiende a centrarse en la naturaleza de la respuesta del paciente a la situación,  implícitamente tratando la situación en sí misma como inmutable, un hecho de la vida. Pero un ambiente insostenible o injusto no siempre es sólo un hecho de la vida, y los terapeutas deben considerar cómo hablar de ello de forma explícita.
Esto es, de alguna manera, un viejo dilema en la psicoterapia. ¿Debe la terapia  esforzarse por ayudar al paciente para ajustarse , o ayudarlo a prepararse para cambiar el mundo a su alrededor? ¿Está sesgado el mundo interno del paciente? ¿O es el llamado mundo real el que va mal?. Por lo general, es una combinación de ambos, y un buen psicoterapeuta, creo, ayudará al paciente a navegar entre esos dos extremos.
Cuando los terapeutas hacen que el diálogo sea sólo alrededor de la narrativa de la vida de su paciente, sin incluir una discusión franca de las dificultades sociales y económicas, se arriesgan a la reducción de la psicoterapia a una herramienta de control social. Esto puede sonar excesivamente polémico, pero tengan en cuenta una propuesta del gobierno en Gran Bretaña el año pasado para poner psicoterapeutas en centros de puestos de trabajo para ofrecer asesoramiento a los cesantes, con ellos al frente, posiblemente enfrentados a una reducción de los beneficios si se negaban al tratamiento. En tal situación, la terapia podría convertirse fácilmente en un brazo del estado, tratando de  “curar” la apatía o la renuencia a trabajar, lo que podría limitar la conciencia social y política entre los que se pretende servir.
Con demasiada frecuencia, cuando el mundo está en mal estado, por razones políticas, los terapeutas están en silencio. En vez de eso, el terapeuta debiera reconocer este hecho, ser de apoyo para su paciente, y discutir el problema. Es inherentemente terapéutico para ayudar a una persona entender la injusticia de su situación, reflexionar sobre la cuestión de su propia accion y tomar las medidas que crea conveniente.
Cuando estoy en esta situación con un paciente, voy a introducir en nuestro diálogo la idea de que lo que está sucediendo es injusto. Esto abre una oportunidad para nosotros para explorar cómo mi paciente reacciona a la idea de que está siendo maltratado, que puede ser reveladora y vital a la terapia.
Una vez tuve una paciente que había llegado a un punto de ruptura con la situación en la puesta en marcha de su empleo. En su terapia, ella había estado luchando durante dos años con la idea de que era posible tener una comunicación auténtica en las relaciones. Nuestra terapia le ayudó a perfeccionar su ira en un valiente grupo de correo electrónico, bien considerado y puntiagudo que resultó en que casi la mitad de sus compañeros de trabajo la apoyaron y esto provocó las negociaciones laborales directas con su jefe ejecutivo.
El rol de la terapia de apoyo en este tipo de eventos pueden golpear a algunas personas más en el trabajo social o de organización que el tratamiento de la salud mental. Pero eso estaria mal. Los terapeutas deben tener en cuenta esta interacción política en la sala de consulta como algo inherente al proceso terapéutico. Los pacientes se motivan para cambiar el mundo que les rodea como una solución a lo que se había convertido en factores estresantes internos. Esta es una experiencia no sólo de los cambios externos, sino internos, trayendo nueva confianza y un sentido de compromiso que se convierte en una parte del carácter del paciente.
Usted se sorprendería de la poca ocurrencia que los problemas de la gente  sean culpa de ellos. Al centrarse en la equidad y la justicia, un paciente puede tener la oportunidad de encontrar lo que ha sido con frecuencia perdido: la capacidad de cuidar y defenderse a sí mismos. La culpa puede ser sustituida por una rabia aclaratoria, que libera un deseo – y una demanda – para prosperar, a su vez dirigida hacia fuera, hacia los demás en lugar de hacia dentro, una que lo lleva hacia adelante para provocar el cambio
Richard Brouillette, ex organizador de la comunidad, es un psicoterapeuta en Nueva York.

TERAPIAFIKZIO

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TERAPIAFICIÓN

A comienzos de curso, (enero 2019) una colega me invitó a dar una charla a alumnas del Prácticum, (al final de grado) y en un momento les pregunté: ¿Cómo os imagináis la terapeuta del futuro, la terapia del futuro, en qué cambiará, de aquí a 30 años? Se quedaron mudas. Y yo comenté: serán grandes pantallas de ordenador, o cyborg-terapeutas, instaladas en cabinas parecidas a las que había en los locutorios. Allí podremos entrar, sentarnos y elegir las características de nuestra terapeuta. Los ojos, cara, cabello, y la voz, sobre todo la voz. Aporté la idea que estos ordenadores o cyborgs-terapeutas tendrían información básica sobre nosotras, en los primeros pasos, la recogida de las redes sociales; posteriormente la facilitada con nuestro permiso, procedente de todo tipo de instituciones a las que hayamos autorizado la recogida de nuestros datos; servicios sanitarios, historial educativo, hasta elaborar una ficha lo más completa posible sobre nosotras. La usuaria tendría posibilidad de elegir el enfoque de psicoterapia que le gusta o atrae (psicoanálisis, humanismo, Gestalt, etc.) aunque la opción por defecto es la TCC.  La mayoría de la clase, alrededor de 60 personas, guardaban silencio. Dos chicas dijeron que la terapia nunca cambiaría, siempre será necesario el contacto cara a cara, algún otro se sumó a mi propuesta diciendo que sí, “algo” si cambiaría. Las dos chicas hablaban vehementemente de la relación, cara a cara, de las emociones que se suscitan en la terapia, etc.

Esto sucedió un año antes de la pandemia del coronavirus en 2020.

Con ella vino el confinamiento y todo se hacía en casa y desde casa, la terapia también. Recordé una pregunta que se hacían las terapeutas en los años 60’: ¿podrán las “pastillas” sustituir la terapia? Sesenta años después sabemos la respuesta. Hilando… hoy sabemos que mucha gente prefiere tomar antidepresivos o ansiolíticos que ir a un terapeuta, y se sienten bien, o eso dicen, no necesitan terapia.

Con la idea de que la psicoterapia auténtica es la que se realiza cara a cara con la paciente, sucede algo parecido a lo que sucedió con el dilema entre medicación o psicoterapia en los 60’ del siglo XX, se fue disolviendo en el tiempo, los avances tecnológicos, la investigación en psicofármacos y la estrategia de las multinacionales de la farmacia, con ayuda del colectivo médico, de convertir cualquier disforia, distimia o malestar inespecífico en una patología merecedora de tratamiento medicamentoso; no ayudó por otra parte que la Psicología (Clínica y de Salud), quisieran convertirse en expertas científicas de “los trastornos” de la población sufriente, ya que esa actitud les llevó al callejón sin salida, de ser la chica de los recados de la psiquiatría y la medicina en general.

En el confinamiento se lanzaron las terapeutas y las pacientes a la terapia online, en todos los formatos posibles, olvidando el “cara a cara” tan glorificado por la profesión terapéutica, incluso algún terapeuta (Gianni Francesetti) aclaró que la epistemología de su enfoque (Terapia Gestat) no se veía afectada por este formato, para tranquilizar, supongo a aquellas terapeutas que sentían que  traicionar el mantra del “cara a cara” era traicionar la esencia de su enfoque. Creo que no se dieron cuanta que era un camino sin retorno, ya que nunca se puede volver “a atrás”, eso ya no existe.

 Algo similar sucedió con los cines, comenzaron por el cine en TV, luego surgieron plataformas que hacían las películas para pasarlas en sus canales de TV, las salas de cine fueron cerrando y en poco tiempo, “ir al cine” se fue convirtiendo en un hobby, como el teatro, se convirtieron en espectáculos para minorías.

La llamada Pandemia comenzo      de 2020.

Recuerdo muy bien aquel día en que presenté mi tesis doctoral delante de un tribunal de doctos colegas, cuando tomó la palabra el secretario de dicho tribunal Rafael Redondo (gran amigo, por cierto) y dijo con solemnidad: yo no he venido aquí a leer la objetividad con decimales. Ahora, al escribir esto le recuerdo, y se que hoy, ni él ni yo estaríamos en aquel acto.

Mientras el progreso de desarrollo de la terapia se encallaba en el periclitado mantra científico, (de una Ciencia que hacía tiempo se había convertido en un certificado expedido por multinacionales de la explotación del conocimiento)  de las TCC, la TBE(Tratamientos Basados en la Evidencia) basaba toda su eficacia en los análisis de datos y las técnicas de los metaánalisis de datos, para lo cual era imprescindible eliminar la subjetividad del sujeto convirtiéndolo en un dígito, se fue cavando su propia tumba a medida que el avance tecnológico caminaba a pasos agigantados, dejando obsoletos los modelos del encuentro “cara a cara” para gran parte de la población. Todo el soporte psicológico y estadísticos de la TBE pasó a formar parte de los programas manualizados para los malestares de la vida diagnosticados con el DSM, generando de este modo un prototipo de paciente universal al que aplicar estos programas terapéuticos protocolizados según el DSM. La máquina conectada a las bases de datos personales, a los análisis de datos, análisis de metadatos y el bigdata, hicieron innecesaria la presencia de psicólogas para ese trabajo, en realidad en base a las investigaciones que se hicieron, las cyborgterapeutas era bastante más competentes que las terapeutas, ya que estas últimas creaban interferencias provenientes de su propia vida personal-subjetiva, que las Cyborgterapeutas no hacían, ya que carecían de experiencias afectivas “personales”. La utopía que aquel famoso psicólogo, Skinner, describió en Walden Dos, estaba a punto de suceder.

Y así la terapia online, la terapia con la máscara tecnológica se fue generalizando en los siguientes años. Las pacientes por razones de comodidad, y otras varias, solicitaban, cada vez más, las video-conferencias como modo de terapia.

Ya desde los tiempos de McLuhan en los años 60’ se conocía la importancia del medio por el cual se transmitían los mensajes. McLuhan acuño la famosa frase “el medio es el mensaje”, la mayoría de los terapeutas, seguramente la habían oído, aunque no se habían enterado del significado que encerraba: El medio terminaba por condicionar el mensaje. Después de un tiempo de utilizar una tecnología de comunicación, esta va modificando el contenido del mensaje, ya que modifica el modo de pensar.

Como explica Carr[1] desde la aparición de la web, las personas que la utilizan han desarrollado un modo de pensar acorde al medio que lo comunica. La lectura no ha decaído tanto como la lectura de libros. Los libros hoy tienen menos páginas que hace veinte años. Las lectoras están acostumbradas a leer en el ordenador y no duran más de cinco minutos leyendo el mismo tema.

Algo similar exponía Neil Postman[2] unos años antes.

Las personas jóvenes, menos de 25 años, puede que no sean muy conscientes de este proceso; las que comenzaron a escribir a máquina y después que se pasaran al ordenador habrán vivido esa maravillosa experiencia del borrar con la tecla y no con el típex. Descubrir la web, abandonar la fotocopia de artículos, crear bases de datos personales, para tu propio uso, copiar el documento web y pegarlo en el documento que estás escribiendo en ese preciso momento, todo esto ha cambiado la forma de pensar. Hoy no se leen diez libros para escribir un artículo, se consultan 100 o 1000 webs. Nuestro modo de pensar se está convirtiendo en acumulativo y está dejando de ser reflexivo. De leer para reflexionar sobre lo leído, hemos pasado a leer para acumular, no reflexionar. La reflexión provocada por una frase encontrada en una web dura cinco segundos o diez, como máximo. La reflexión provocada por la lectura de un libro, cuando la provoca, es mucho más duradera.

Creo que, cuando comenzó el confinamiento, mis colegas que se lanzaron a la videoterapia, no conocían la historia de Eliza.       

Yo llevo un tiempo entretenido con estas divagaciones.

Estaba yo acabando mis estudios de psicología, cuando cayó en mis manos un libro: J. Weizenbaum. La frontera entre el ordenador y la mente (1978). Me llamó mucho la atención que el programa estaba basado en las técnicas de C. Rogers, famoso psicólogo conocido por su Enfoque centrado en la persona. ¿Podría sustituir un programa de ordenador a un terapeuta?

ELIZA es un programa informático diseñado en el MIT entre 1964-66 por Joseph Weizenbaum, Eliza fue uno de los primeros programas en procesar lenguaje natural. El mismo parodiaba al psicólogo Carl Rogers e intentaba mantener una conversación de texto coherente con el usuario. En esta dirección tenéis una excelente reflexión sobre ELIZA, que os recomiendo leer[3].        

El libro de Weizenbaum se publicó en 1976 y en 1978 se publicó en castellano ed. Pirámide (muy rápidamente para la época, por lo que me imagino que a alguien le pareció, muy interesante). He aquí una muestra de una sesión “terapéutica” de ELIZA, tomado del artículo de Miriam Rios. Eliza versus psicólogos, quién ganaría. Poiésis. Nº 28. Dic. 2014

Paciente: Todos los hombres son iguales.

Máquina: ¿a qué se refiere?

P: Siempre están incordiando con algo.

M: ¿Puede darme un ejemplo concreto?

P: Bueno, mi novio me hizo venir aquí.

M: Su novio la hizo venir aquí

P: Dice que me deprimo mucho.

M: Siento oír que se deprime

P: Es cierto, soy infeliz.

M: ¿Cree que venir aquí la ayudará a no ser infeliz?

P: Necesito ayuda, eso es seguro.

M: ¿qué significaría para Ud. recibir ayuda

P: Tal vez podría aprender a llevarme bien con mi madre.

M: Cuénteme más de su familia

P: Mi madre me cuida.

M: ¿Quién más de su familia la cuida?

P: Mi padre.

M: Su padre

P: Usted se parece a él en algunas cosas.

M: ¿Qué parecidos encuentra?

P: Usted no es muy agresivo, pero creo que no quiere que yo lo note. M: ¿Qué le hace pensar que no soy muy agresivo?

P: Que no discute conmigo.

M: ¿Por qué cree que no discuto con Ud?

P: Porque me tiene miedo.

M: ¿Le gusta pensar que le tengo miedo?

P: Mi padre le tiene miedo a todo el mundo.

Quién conozca el trabajo de C. Rogers podrá identificar rápidamente su estilo, aunque un tanto burdo, era una máquina, un ordenador.

Weizenbaum se sorprendió al descubrir que la gente parecía creer que estaban hablando con un terapeuta real, y que algunos (de sus propios colaboradores en el proyecto) le contaban secretos muy personales a Eliza. 

(“Según dicen los médicos que me atendieron, es posible que para mí el pasado sea aburrido, y el presente algo instantáneo y difícil de hacer crónica de él, ya que la crónica siempre lo es del pasado, quizás de ahí me venga esta cosa de interesarme por el futuro de la psicoterapia, que según me dicen algunas personas muy razonables y racionales: ¡a ti qué cojones te importa si no estarás para entonces! Cuando me dicen eso, pienso que ese entonces ya será aburrido, ya habrá pasado. En realidad, no se en que tiempo estoy contando esto, yo creo que todo lo que se cuenta ya es pasado, aunque no haya sucedido, porque se cuenta”).

Y “voilà”, aparecieron los retoños de ELIZA, Skype, Zoom y muchas otras plataformas, y todo tipo de apps, para hacer terapia. Ya en los comienzos del s.XXI, los chabots (aquí un ejemplo[4]) tomaban paulatinamente el relevo a los terapeutas de la TCC. 

En una narración corta que tengo, como casi todo, para acabar, le hago decir al profesor, que les está entorpeciendo el aprender a las alumnas: ese aparato que lleváis todas, a comienzos de siglo, cuando la primera pandemia mundial, no existía, y la gente cuando se sentía mal recurrían a terapia, a la clásica, era cara y engorrosa, tenían que desplazarse, perder tiempo, llegar puntuales a la cita, a una hora concreta etc. Decían que entonces valoraban mucho el “cara a cara”. Después, sobre todo a raíz de la Pandemia del 2020 se generalizó la teleterapia, para justificarse se decían unas a otras, que era “lo mismo” que “mejor algo que nada” etc. E incluso hubo un terapeuta que escribió que, aunque el tan valorado “cara a cara” ya no existiera, el paradigma también abarcaba una terapia “sin el cara a cara”. Era más o menos lo mismo.

Bastantes años antes (1996) un psicólogo (Manuel Ramos) hizo una tesis: “El concepto de identificación de Alfred Korzybski: incidencia en el proceso terapéutico”[5]. donde quedaba claro que “lo mismo” no existía; ¿raro no?, en aquellos años se hacían esas cosas que llamaban “tesis”, que solo servían para demostrar ante las otras colegas psicólogas, que habías pasado por el aro, que aceptabas la institución, y toda su parafernalia. Era como cuando en el siglo XX a los jóvenes les mandaban a hacerse “soldado” y de paso a inculcarles que la autoridad no se discute, ni se cuestiona; a lo sumo se le sugiere… cuestionar nunca. En aquellas épocas oscurasse hacían esas cosas. Durante tiempo la comunicación entre el ordenador y la persona se fue perfeccionando, y ahora hablar con los ordenadores es natural. Te saludan al encenderlos, te preguntan “¿te abro el correo?, te obedecen cuando les dices “apagar”, y se despiden de ti diciendo “hasta la próxima Pedro”. Todo esto ya es historia. No resulta banal decir que hubo muchas discusiones, sobre todo, filosóficas y muy profundas, que cuestionaban si realmente en la terapia online estábamos con nuestra paciente o solo con una imagen de ella. Se cuestionaba mucho esa relación, que por otra parte no impedía a las terapeutas continuar las terapias online, y las discusiones sobre la imagen o la realidad se fueron quedando obsoletas. Un pensador de entonces dijo, que, con los pensamientos e ideas, sucede como con la obsolencia programada para los aparatos, que en su momento dejan de funcionar. Y así sucedió también entonces.   

Vosotras, que no pertenecéis a “losbajos”, tenéis acceso a una tecnología que la mayoría de ellos no se puede permitir.

 Todo esto es para que veáis que aparato que lleváis en el bolsillo, que llamamos ORO ha tenido unos antecedentes.

Ahora todas las que nos lo podemos permitir tenemos este aparato, que todas llamamos ORO, (no se sabe exactamente por qué se llama así. Unos dicen que viene del Oro (gold) mineral muy valorado hasta el siglo XX, y que después fue decayendo, aunque otros sostienen que viene de una lengua antigua Euskara en la cual TODO se dice Oro y también Guzti y Dena) que lo llevamos a todas partes. Si te sientes angustiada pides ayuda a ORO y él que te conoce como si te hubiera parido (perdonar por la frase arcaica), te ayuda, te reconforta, te tranquiliza, te dice lo que sabe que te ayudará, (sabe cuales son tus estrategias de afrontamiento, que explicaban los manuales de psicología conductual antiguamente), como así ha sido en otras ocasiones, registra tus constantes vitales, sabe cuando estás en peligro y cuándo no. Tiene registrada tu vida, tu memoria, lo que sentiste con cada una de las personas que has interactuado a lo largo de tu vida. Todo esto que a ti te parece natural, ha tenido largos años de evolución.

Después de ELIZA, las terapeutas comenzaron a hacer terapia por video conferencia. A diferencia de ELIZA, que tecleaban y en la pantalla le aparecía la respuesta, en video-conferencia el cara a cara tan apreciado por las terapeutas de entonces, cambió y se veían las caras en la pantalla del ordenador. Después, cuando aparecieron las cabinas terapéuticas, que se utilizaron mucho, las había en los Centros de Salud, en empresas privadas, se generalizó su uso. En esas cabinas podía escoger el tipo de terapeuta que preferías, hombre, mujer, trans…; se podía crear virtualmente la terapeuta ideal, aunque nunca desplazó a la medicación, que continuó siendo más barata. Más tarde aparecieron las Pocket Coach (pequeños ordenadores personalizados), al principio eran rudimentarias y no se podían llevar encima por su peso, aunque debido al éxito que tuvieron se generalizaron rápidamente, y los padres regalaban a sus hijas a edad temprana una Pocket Coach ya que el conocimiento que tenían sobre crianza de sus hijas comparado con el de las Pockets era muy pobre. Las pockets facilitaban el trabajo de crianza de las hijas. Con el tiempo todo el mundo tenía uno, desde muy pequeñas, y la tecnología desplazo a las antiguas cabinas de terapia, que dejaban en evidencia, delante de los demás a quien acudía a ellas. Y así hemos llegado hasta hoy. Os contaré una anécdota; a principios de XXI, circulaba una película impactante para aquella época, se titulaba Her, y contaba una historia de amor entre un prototipo de ORO (como el que tenéis vosotras) y un humano, y les parecía muy bonita y original, aunque no pensaban que eso sucedería, era ciencia ficción entonces.

Hoy en día, como sabéis, también existen “terapeutas” aunque su función a variado considerablemente. Hoy una terapeuta no es lo que a comienzos del XXI era. Hoy como sabéis son escuchadoras-conversadoras, gente sabia, leen libros, reflexionan, piensan más allá de los límites permitidos, usan la tecnología únicamente para lo esencial… cuando la usan. No son importantes para millones de personas, aunque para una minoría (élite, vosotras, vuestras madres y padres) sí. Allí no se va a solucionar ningún problema, allí se va a “gozar el tiempo”, por eso casi todo el mundo que va es gente, que tiene dinero para disfrutar el tiempo. Hablar de filosofía, del futuro, de la historia personal de cada uno, de donde somos y a donde vamos, cómo he llegado a ser quién soy, etc.… y ese tipo de cosas (raras para los que solo tienen tiempo para trabajar). Son pocas, un poco fuera de la norma, y saben que lo que hacen es importante para ellas. Tienen una teoría que les ayuda en su trabajo; son de raíces antiguas, lo que les otorga un caché, que es apreciado por las personas que a ellas acuden. Si os dais cuenta es justo lo que no hacemos nosotras, que todo lo que hacemos es importante para las personas que nos pagan. Y es por eso, que su punto de vista y actitud, sincera, honesta, resulta veces descarada, y por eso tan valorada y apreciada, aunque pocas veces seguida. Para solucionar problemas (incluso antes de que sucedan) tenemos cada una de nosotras a ORO.

La clase ha acabado por hoy

Hoy continuamos el tema donde lo dejamos. Daré unas pinceladas sobre el tema y después comentaremos en grupo lo que os interese.

Como ya os he comentado, la psicoterapia evolucionó hacia el modelo Cognitivo-Conductual eliminando de las universidades cualquier modelo ajeno, se fue enfocando hacia el objetivo que marcó Skinner en una novela utópica (para aquellos años) Walden Dos. Publicó otro libro Más allá de la libertad y la dignidad donde se explaya sobre su visión del ser humano y la sociedad futura… posible.

Las otras formas de terapia fueron languideciendo y abandonando la lucha por el espacio psicoterapéutico, se fueron refugiando en asociaciones de su modelo, subsistieron fuera del ámbito institucional, ya que este estaba copado por las TCC, que con la ayuda de las instituciones iniciaron una “caza de brujas” bajo la acusación de “pseudociencias” teniendo como consecuencia que muchos enfoques tuvieran dificultades para ser admitidos como terapias científicas, teniendo como consecuencia que muchos terapeutas no pudieran ejercer su profesión. Bajo esa acusación y sin certificación de “científicas” (como os he comentado, para entonces la “Ciencia” ya se había convertido en una marca certificada). Las TTC, que se fueron haciendo cada vez más eclécticas y aceptaban cualquier técnica siempre que no se cuestionara el mantra científico de las TCC. No fue muy difícil, ya que la inercia jugaba a su favor. La terapia únicamente la podían ejercer los Psicólogos titulados, una estratagema para controlar al colectivo, ya que estos desconocían, al acabar los estudios, cualquier otro tipo de “Tratamiento” que no fuera la TCC, haciéndoles creer que el título les daba conocimiento, cuando era todo lo contrario, en las Facultades de Psicología, se repetía años tras año la misma canción. Nadie cuestionaba el modelo hegemónico, los profesores que no estaban de acuerdo no querían exponerse a manchar su curriculum con aportaciones rechazadas por el sistema, ya que acarrearían consecuencias desagradables en su curriculum profesional. La libertad de cátedra (una forma antigua, de decir que el profesor tenía derecho a expresar lo que pensaba del tema que estaba explicando e incluso a proponer otro tema diferente, en su opinión más interesante o básico) había desaparecido, ya que ningún profesor la ejercía, bien porque no tenían nada diferente que decir, bien porque dejaron de atreverse a decir algo diferente, bajo la excusa de que “no valía la pena”, ya que ni a las alumnas les interesaba lo diferente. Cierto era, tampoco le importaba mucho al alumnado, que se había habituado a estudiar para aprobar, y la inquietud por el conocimiento estaba escasamente distribuida y no era muy alentada por un profesorado, qué en eso, tampoco era modelo.

Se vio que estos Psicólogos, que eran considerados expertos profesionales en su rama de aplicación, en el área de los Servicios Sociales, donde solo se trataba a “losbajos”, tenían más funciones de control y vigilancia, que de ayuda psicoterapeutica: familias desestructuradas, mujeres maltratadas, niños en estado de vulnerabilidad, colegios que aburrían, adolescentes rebeldes, problemas matrimoniales y/o de pareja, etc. Todo este modelo asistencial era utilizado por los que, ahora, vosotras llamáis “losbajos”, gente con pocos recursos. Entre “losbajos” surgió miedo ante estos estos servicios, ya que podían quitarte la custodia de los hijos por faltas reiteradas en su cuidado y educación, hacer jucios por discusiones familiares, intervenciones que la gobernanza de los ciudadanos consideraba imprescindibles. Hay que entender que estos servicios ejercían, vigilancia, control y… ayuda, condicionada a los resultados de su intervención, para esos problemas.

También existían psicólogos en los Centros sanitarios para orientar a las usuarias que tenían dudas entre la farmacoterapia y la cyborgterapia, y derivar en su opinión experta a una de las dos.

Por otra parte, la Psicología se extendió a cualquier actividad humana, arte, cine, teatro, publicidad, televisión, empresas, deporte…etc. Se podía encontrar un psicólogo para cualquier actividad.

La psicología, en colaboración estrecha con la psiquiatría, consiguió que casi cualquier dificultad o sufrimiento fuese considerado “trastorno”, y por tanto, tributario de “tratamiento” que se realizaban en los centros sanitarios, como os he explicado antes: farmacoterapia o Cyborgterapia. De ahí que algunas auténticas terapeutas se alejaran de las trampas de la Psicología Clínica y de la Salud que alimentaban la falsa idea de que cualquier sufrimiento encerraba una patología que había que tratar. A estas terapeutas las conocían como las “caminantes de la vida” también “las acompañantes”, ellas optaron por una “no-terapia”. No se dedicaban a curar, ni a guiar, ni a diagnosticar, se dedicaban al noble arte de la escucha y conversación, que en los citados servicios sanitarios no existía. Cuando llegaba donde ellas alguien que se quería curar, le decían, sinceramente, que ellas no estaban para eso, que ellas no tenían ni el poder de curar, ni de cambiar a nadie, y que además no les interesaba. No utilizan la teleterapia, sea del tipo que sea, Todavía después de casi dos siglos, siguen manteniendo el formato que se conocía como el “cara a cara”, sin tecnología intermedia. Profesionales de la parsimonia, y el nombre de terapeuta o psicoterapeuta fue desapareciendo del vocabulario.

“Losbajos” no acudían a ellas porque además de ser económicamente costosas las consultas, no solucionaban problemas. Esas son las que utilizáis vosotras y las de vuestro nivel, cuando queréis enriqueceros de sus conocimientos y sabiduría, aunque por lo que intuyo, no entra en vuestras opciones.

Si queréis podéis consultar vuestro ORO, y sabréis como estáis de ánimo después de esta sesión. Este tema de la psicología y psicoterapia ya lo hemos agotado.

Hasta la próxima, y traed el tema que os interese compartir, y sabéis que sois unas privilegias que podéis compartir vuestras inquietudes y ganas de aprender “cara a cara”, algo que a la mayoría de estudiantes les esta vedado, excepto si se realiza online, como es norma para todas las universidades donde estudian “losbajos”.

Patxi Sansinenea


[1] N. Carr. (2011) Superficiales. Qué esta haciendo Internet con nuestras mentes?

[2] Postman, Neil. Divertirse hasta morir, el discurso público en la era del espectáculo.Ediciones de la Tempestad. Barcelona, 2001

[3]     http://funlam.edu.co/revistas/index.php/poiesis/article/view/1385 

[4] https://woebothealth.com (Merece una visita)

[5] http://roderic.uv.es/handle/10550/38888 El concepto de identificación de Alfred Korzybski